MASA MADRE: LA VIDA EN 5 DÍAS

Actualizado: ago 26


En tiempos donde la autosuficiencia y la autogestión han cobrado un significado importante, debido a las limitaciones de movilidad durante la pandemia, mi curiosidad y necesidad por elaborar mis propios alimentos también ha ido cobrando valor en mi forma de visualizar la cocina. Y no me refiero a la creación de nuevos platos o productos gastronómicos (eso lo llevo haciendo desde hace muchísimo tiempo), sino a la generación de ingredientes para la posterior elaboración de productos alimenticios esenciales en la dieta del ser humano. Así nació mi interés por la masa madre; de la necesidad de crear mi propia levadura, producto que empezó a escasear en todos los puntos de ventas durante esta crisis.

Lo más llamativo de todo este descubrimiento (y esto lo entenderán quienes hayan experimentado con la masa madre) es que no estamos ante otro tipo de levadura además de las ya existentes en el mercado, no, la masa madre es otra historia, es el origen, la masa madre es vida... Por eso no se queden aquí, sigan leyendo y se harán una idea de cómo fue la interacción con este nuevo universo.

Está claro que en muchos casos de la necesidad surge el interés, y del interés surge la dedicación. Así me pasó a mí con este maravilloso cultivo simbiótico, pero también es verdad que esto no pasa si no hay un detonante que te abre la puerta a este mundo y que te empuja a hacerlo. Y así pasó cuando mi amiga llegó a mi casa con un frasco lleno de masa y me dijo: ‘¡te dejo a mi bebé, no lo dejes morir!’ Ahí empezó todo. Pronto supe que la masa madre que yo tenía entre mis manos no era otra cosa que un complejo ecosistema de bacterias y levaduras de ácido láctico, y que estos microorganismos de naturaleza penetrante se pueden encontrar en el aire de los cereales... Es asombroso darte cuenta de que muchas explicaciones a las dudas y preguntas que nos hacemos las puedes encontrar en la naturaleza de las cosas y no, precisamente, en los libros... Y al mismo tiempo descubrí que aquí estaba la base del concepto que define la forma de hacer cocina de Cosita Amitit, así como ese toque distintivo que siempre he querido para nuestro negocio. Por lo que no lo pensé dos veces y me puse manos a la obra: quería crear ese ecosistema que daría vida a otras cosas que nos rodean y de las que nos alimentamos.

Al principio tuve una especie de miedo, ese miedo del que sabe que en algún momento va a meter la pata, porque se cuenta con ello la primera vez que te enfrentas a lo desconocido, pero en este caso algo me decía que todo iba a salir bien. Tomé rigurosa nota de todo el desarrollo, de que las cantidades de agua y harina a mezclar siempre debían ser las mismas, de los días que ocupaba el proceso, de la supervisión y operación de cada día, así como de las herramientas que se deben utilizar. ¿Y saben qué? Es bien sencillo y apasionante si entiendes el mecanismo y lo llevas a cabo de forma constante y consciente. Solamente se necesita harina integral (de trigo o de centeno), agua, un frasco, un peso y tener en cuenta la temperatura ambiental y qué tipo de clima hay en la ciudad donde vives. Es importantísimo aplicar la misma cantidad, tanto de agua como de harina, siempre que vayas a empezar el proceso de creación y las veces que tengas que agregar estos ingredientes, que serán varias. En mi casó utilicé 100 gramos de cada ingrediente, los mezclé hasta que formaron una masa, tapé el frasco sin enroscarlo o cerrarlo completamente y la dejé reposar un día. Durante los siguientes 5 días repetí la misma operación después de supervisar en qué estado estaba a la masa y comprobar si iba ganando volumen: agregaba cada día las mismas cantidades de los ingredientes mencionados a la masa que ya había creado y la dejaba reposar.

Durante estos 5 días siempre iba marcando (y esto también es un paso importante del proceso) la altura con un rotulador para comprobar que, efectivamente, la masa estaba creciendo, puesto que ya se había formado un ecosistema en su interior, es decir, ya había vida gracias a este mecanismo de alimentación diaria. Pero, sin lugar a dudas, estaba impaciente por el día 5, que era cuando se producía el gran misterio de la naturaleza, la activación de la masa madre y el momento en que concluiría el proceso de creación y pasaría a convertirse en ingrediente para el producto final.

Ese día repetí la misma operación sabiendo que, después de 6 horas de reposo, la masa tendría que duplicar su tamaño, y así fue. Cuando comprobé el resultado me di cuenta de la exactitud de la ciencia y de que hay que escuchar a la naturaleza atentamente para ser conscientes de cómo pasan las cosas a nuestro alrededor sin que nos demos cuenta, ¡es realmente asombroso!

Lo que hice cuando tuve la masa madre lista ante mis ojos, fue retirar 100 gramos de la misma y guardarlos en la nevera durante 4 días para retomar el proceso posteriormente y así tener masa madre activada siempre (consejo que les doy en estas líneas por si no quieren romper la cadena y poder elaborar pan artesanal con más frecuencia). Al estar la masa activa ya se puede conservar en la nevera sin ningún problema y al cuarto día solo basta con sacar el frasco de la nevera y repetir la operación exactamente como he explicado anteriormente, así de fácil. Y aquí aprovecho para comentarles que, aunque mi amiga fue la que me abrió la puerta a este mundo, el proceso de elaboración no lo podría haber hecho así de bien sin la guía de Pandelirio, una gran panadería madrileña que ofrece un producto y un servicio de la más alta calidad, se la recomiendo absolutamente.

No quiero despedirme sin antes invitarles a que se atrevan a crear su propia masa sin necesidad de levadura, a que dejen ese posible miedo a lo desconocido a un lado y experimenten con este proceso, que no es otra cosa que crear vida e interactuar con ella, además de ser la solución a los posibles problemas que puedan surgir en estos tiempos de quedarse en casa. Además, para los amantes del pan y su elaboración, esto supone ese gran paso adelante que necesitan dar y que ahora lo pueden hacer de la mano de Cosita Amitit que, como bien saben, está especializada en la elaboración del delicioso pan Challah, entre otros productos que pueden adquirir a través de nuestra plataforma.

Y ahora sí me despido, queridos lectores, recordándoles que la cocina artesanal no es solo una experiencia gastronómica, sino un viaje sensorial en el tiempo también, donde puedes imaginar la época que quieras y crear también tus propias historias, sus personajes y todo un universo de emociones. Un cariño muy fuerte!



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